Hablamos con la doctora Laura López, del área de medicina estética, que nos aclara por qué todo el mundo habla de ellos y qué mejoras conseguimos. “En medicina estética, se utilizan los derivados de cadenas de ADN de distintas especies de pescado, como el salmón o la trucha (de ahí el conocido término de esperma de salmón) produciendo una mejoría global en la calidad de la piel, remodelan el colágeno, son potentes antioxidantes, anti-inflamatorios, mejorando la textura, la luminosidad, y la hidratación de la piel.”
Sí, es cierto que pueden proteger en cierta manera a la piel del sol
“Hay un estudio que demuestran las propiedades antioxidantes de los polinucleótidos, especialmente en combinación con ácido hialurónico. Reducen los radicales libres (ROS), siendo dicha combinación una poderosa herramienta terapéutica para mitigar el daño oxidativo. Lo cual es prometedor en contextos como la reparación tisular, daño actínico y terapias antienvejecimiento; aunque se requiere de investigación adicional.
Polinucleótidos y radiación UV: cómo protegen los fibroblastos y estimulan el colágeno
Otro estudio analizó el comportamiento de los fibroblastos (que son las células encargadas de formar colágeno) tras ser sometidos a una dosis baja de radiación UV. Viéndose una mejor respuesta de estos al ser tratados con polinucleótidos, a la oxidación, disminuyendo la inflamación e impidiendo la activación de enzimas que degradan la matriz extracelular, continuando con la producción de colágeno. Se necesitan de más estudios para clarificar el mecanismo molecular.
Cuando recomiendo hacerse el tratamiento
“Puede ser interesante realizarlo durante los meses de exposición solar, antes del verano para preparar la piel y después para reparar el daño solar acumulado, Esto dentro de una estrategia global de fotoprotección diaria, antioxidantes por vía oral y hábitos de exposición solar inteligentes.”