Nuestra directora, Paz Torralba, charla en Expansión sobre cómo la gran pandemia del siglo hace mella en la piel y, por ende, afecta a nuestra salud cutánea que se ve reflejada en el rostro.
“El estrés continuado y los picos repetidos de cortisol pueden reflejarse en la cara. En la piel se manifiesta de diferentes formas y nunca igual en todas las personas”, explica.
En este artículo vamos a tratar...
Se pueden manifestar diferentes patologías
- Acné o brotes de piel más grasa, esto sucede porque hay una inflamación y más sebo que da lugar a este acné, poro más dilatado…
- Piel apagada, seca o sensible, esto es debido a que el cortisol puede deteriorar la barrera cutánea, aumentando la pérdida de agua y reduciendo la capacidad de reparación
- Rosácea o dermatitis, debido también a inflamación de la zona donde aparece, dilación de vasos sanguíneos…
- Ojeras, hinchazón de la piel, suele venir además del cortisol alto de otros factores asociados: mal sueño, retención de líquidos, tensión muscular y hábitos alterados.
- Envejecimiento acelerado, que suele venir de una alteración del colágeno debido a ese cortisol alto.
¿Cómo se ve la cara cuando los picos de cortisol están elevados durante tiempo?
“Lo más habitual es una combinación de varias manifestaciones a la vez en la piel, aspecto cansado, peor textura, más envejecimiento, menos luminosa, más inflamada, con menor capacidad de recuperación y de mantener el agua, lo que supone una piel más seca, más fina y mucho más reactiva a cualquier patología.”
¿Cómo podemos evitar el aspecto cansado/ envejecido? Entiendo que tranquilizando el estrés, pero si no se puede…
“Lo mejor ponernos en manos profesionales. Acudir a un centro médico estético, mirar el origen del problema y fijar un protocolo. Pasar por una consulta integrativa para poder regular el cortisol sería muy buena opción, para regular el sueño y ritmo circadiano, bajar la inflamación y controlar la barrera cutánea. Fijar una buena rutina personalizada para poder actuar de manera eficaz en las patologías que se hayan desarrollado en función de cada caso concreto, y realizar tratamientos profesionales en cabina médico estética.”
Como el estrés es un resorte para sobrevivir, entiendo que el tener un rostro saludable no es básico para esa supervivencia, tal y como sucede con las canas y la pérdida de cabello, ¿no?
“¡Correcto! Un rostro saludable, luminoso o descansado no es una prioridad inmediata de supervivencia cuando el cuerpo percibe amenaza y está en estrés alto. El cuerpo no decide conscientemente sacrificar la parte estética, pero cuando hay estrés prolongado puede reducir inversión en funciones que no son urgentes para sobrevivir a corto plazo: pigmentación, reparación de la piel, luminosidad, hidratación y regeneración. Además, hay que tener en cuenta que el rostro no se deteriora solo por cortisol, también influyen sueño, alimentación, inflamación, tensión muscular, genética, edad, exposición solar, hábitos y enfermedades de la piel. Pero siempre que el cuerpo interpreta que hay peligro, invierte menos en mantenimiento estético y más en resistir.”